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El minimalismo y la economía

El minimalismo es una corriente artística que nació en los Estados Unidos durante la década de los años sesenta, con la intención de demostrar al mundo un modo de vida sobrio, simétrico y económico en cuanto al espacio de algún lugar, haciendo esto ideal para lugares de espacios reducidos.

Esta corriente artística salió a la luz con tanto éxito debido al brutal incremento de población que aconteció durante estos años en muchas partes del globo terráqueo, especialmente en los Estados Unidos, cuando la población se elevó dramáticamente debido a la revolución sexual y el rompimiento de antiguos paradigmas de comportamiento que dictaminaron una fuerte irregularidad en la ética del país.

En lo personal, me parece que la corriente artística del minimalismo, como sucedió con muchas corrientes, fue una profecía materializada en el nuevo modo de vida que le esperaba al mundo en todos los sentidos.

Los muebles minimalistas, desde los muebles para casa y oficina, hasta los muebles para escuelas, parecen ser paradigmas de comportamiento  materializados, donde lo más importante son la eficiencia y la elegancia, mezcladas de una manera muy armónica, a modo de sobrevivir en un mundo que eventualmente llegaría a rayar en lo sobrepoblado, como lo es hoy en día.

El día de hoy, aunque el mundo no esté exactamente sobrepoblado, las poblaciones están muy concentradas en las partes del mundo donde sí hay población, creando en muchísimas ciudades un fenómeno de sobrepoblación que ha forzado a las constructoras y a las compañías de bienes y raíces a dejar de construir casas y a construir miles de edificios con cientos de departamentos a modo de economizar el espacio habitacional.

La corriente artística del minimalismo cae como anillo al dedo a este fenómeno social, cultural y étnico, ya que en estos tiempos es crucial el economizar el espacio habitacional, pues en verdad cada día somos más personas, un fenómeno que no está bajando y que va en un aumento revolucionado.

Muchas personas, quienes solo ven adentro de la caja, piensan que este fenómeno va en reverso, ya que las poblaciones naturales de muchas ciudades, particularmente en Europa, ya no se están reproduciendo; sin embargo, olvidan el factor  de la reproducción desenfrenada de los inmigrantes, quienes, debido a los bienes que les ofrece muchos países de Europa, quieren reproducirse lo más posible para que sus hijos tengan acceso a esos bienes y que no les falte nada y puedan después mantener y ayudar a sus padres en la vejez.

Debido a este caos sociocultural, la corriente artística minimalista busca tanto el orden como una producción de sus elementos de una manera industrial, haciendo así a las ciudades más avanzadas unas completamente minimalistas, tanto física como intelectualmente.

Después de todo, la revolución digital es un fenómeno que considero como una extensión de los modos y corrientes minimalistas, ya que es posible, al igual que en el mundo real, insertar un sin fin de información en tan solo unas cajitas, como lo son los teléfonos inteligentes y las laptops.

¡Veamos hasta donde llegan las raíces minimalistas!

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Estilos que sólo la web hace posibles

Acabo de comprar una sensacional pieza de tapicería para mi sala. Desde hace tiempo había considerado esta idea, que descubrí en una revista de diseño, porque mi casa es agradablemente fresca durante los meses calurosos, pero helada cual congelador en invierno. La publicación que leí mencionaba que este tipo de recursos ayudaban a conservar el calor, junto con otros beneficios, como insonorizar un poco las habitaciones. Como el departamento en el que vivo es rentado, no deseo emprender grandes proyectos de construcción y diseño, así que la tapicería me pareció una muy práctica solución.

Lo que me había detenido es que después de recorrer varias tiendas, no encontraba la pieza de mis sueños. Algunas eran muy grandes, otras demasiado pequeñas; otras más tenían el tamaño perfecto para el muro donde pensaba colocarla, pero el diseño dejaba mucho qué desear, al menos conforme a mis gustos. Como las noches de este verano húmedo y lluvioso que nos ha regalado la Ciudad de México ya se han puesto un poco frías, decidí apartarme de las compras tradicionales y empezar a buscar por internet; no fuera a ser que el invierno se me adelantara.

Encontré una tienda en línea maravillosa, llamada Society 6. No sólo tenían los más bellos y originales tapices, sino diversos elementos decorativos y accesorios; bolsos, relojes, impresiones en aluminio, playeras, tazas, en fin, todas esas cosas innecesarias que hacen la cotidianeidad más llevadera. La única desventaja es que al ser un negocio estadounidense, los precios están a merced de la cotización del peso frente al dólar; además, los envíos de USA no son precisamente económicos, aunque sí muy rápidos y seguros.

Sin embargo, me decidí porque al suscribirme al boletín de novedades del sitio, me obsequiaron un cupón para un envío gratuito. Luego de considerar este ahorro y comparar precios con los tapices que encontré en las tiendas físicas, y que no me convencieron, pensé que la inversión valía la pena. Ahora sólo me queda esperar de cinco a diez días hábiles, para recibir mi pedido en la comodidad de mi hogar.

Otro de los grandes atractivos que encontré en un negocio como este, es que todos productos se hacen sobre pedido y puedes elegir entre distintas medidas y formatos para el diseño que te guste. Por ejemplo, el encantador diseño de mi tapiz también puede solicitarse en un bolso de tela, en una sudadera o en un almohadón.

Pero lo mejor de todo, en mi opinión, es que todos los diseños son originales y elaborados por artistas independientes, quienes dan a conocer su obra y reciben un porcentaje de cada producto que la tienda vende con sus diseños. Tal vez no sea una forma de ganarse la vida, pero sí es una oportunidad para compartir el trabajo creativo y obtener algunas ganancias, sin hacer todas las inversiones que implicaría el abrir un negocio por cuenta propia.

En conclusión, quedé encantada con esta tienda en línea y seguramente me convertiré en cliente cautiva. Pero lo que más me gustó fue descubrir estos modelos de negocios y encontrar estilos que sólo la web hace posibles.

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La casa de mis sueños

Se dice que todo lo que pensamos se hace realidad, por lo que no he perdido el tiempo y he estado pensando y construyendo en mi imaginación mi casa ideal, una que no sería nada fácil de obtener en la vida real, a decir verdad.

Siempre he pensado que la casa de una persona debe de ser acorde a su personalidad y debe de ser una extensión de nosotros mismos  y de nuestro interior, a modo de que podamos vivir de una manera armónica en aquel lugar.

Es importante entender que aunque una casa nos guste mucho físicamente, podría darse el caso de que no vivamos ahí de una manera feliz, ya que en esencia y en corazón es posible que ahí no embonemos.

He sabido de muchos casos de personas que se mudan a un lugar pensando que ahí serán muy felices debido al lujo de aquel lugar y a final de cuentas termina pasando absolutamente todo lo contrario, muchas veces debido a factores menores, ya que las personas siempre nos olvidamos de que la vida en sí está hecha de detalles.

Mi casa ideal estaría localizada en algún pequeño pueblo en las montañas de los Alpes o en la cordillera de las rocallosas en algún pueblito de aquel lugar donde haya un lago, preferentemente de grandes proporciones donde sea posible tomar una canoa para desplazarme a lo largo y ancho de aquella extensión de agua  donde pueda contemplar una gran variedad de peces de montaña, algunos de los cuales son de proporciones bastante grandes como lo es el pez gato quien puede llagar a medir más de dos metros.

Mi casa ideal sería una hecha de madera  con una gran terraza viendo al lago y a las montañas.

Sin embargo estoy muy consciente de que esta terraza podrá ser usada solamente en los meses de verano, ya que el invierno donde quiero vivir es largo y obscuro; sin embargo, puedo tener una terraza especialmente diseñada para los meses de invierno, donde haya una hoguera de tamaños mayúsculos, que pueda generar el calor necesario para pasar un buen momento, aunque la nieve sople y vuele por los cuatro vientos.

Dentro de la casa necesitaría tener habitaciones para muchos motivos, no solamente para dormir.

En cuanto a dormitorios se refiere, tendría cuatro de estos, uno para mi esposa y yo, uno para cada uno de mis hijos y otro para algún visitante que podamos tener; todas estas habitaciones serían en el piso de arriba.

En la siguiente planta estarían la cocina (naturalmente, separada de lo demás), la sala y una gran biblioteca tapizada con miles de volúmenes y enciclopedias, y prestaría atención y tiempo a cada uno de ellas.

En mi casa no tendría que preocuparme por los materiales para pisos, ya que todos serían de madera cubierta por tapetes de tipo persa y algunos lugares, como la planta de arriba, estarían completamente alfombrados.

Hasta abajo me gustaría tener un cuarto específicamente para reflexionar y pensar,  donde no exista ningún tipo de ruido y el silencio sea el habitante más importante de esa habitación.

Veamos si algún día esto sucede.

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La nueva mujer

La mujer del siglo XXI ha evolucionado a revoluciones muy aceleradas y su ritmo de vida es completamente distinto al que alguna vez tuvo.

Durante los primeros 18 siglos después de la venida de Cristo, las mujeres ocupaban un lugar muy definido en la sociedad humana.

La labor del sexo femenino era una muy pesada y compleja, ya que de cierta manera, en sus manos estaba el bienestar de todo su núcleo familiar.

La mujer, durante estos 18 siglos, era la encargada de mantener la casa en perfecto orden y limpieza, cuidar a los hijos en su temprana y mediana edad, así como preparar desayuno, comida y cena todos los días.

La mujer era la encargada de hacer de una casa un hogar, así como forjar el deseo en todos los integrantes de su familia para querer regresar a casa lo más pronto posible de donde estuviera.

A principios y mediados del siglo XIX, la mujer comenzó a soñar sueños distintos y a cambiar completamente sus aspiraciones.

Durante este siglo, sobre todo en Inglaterra, grupos feministas comenzaron a tomar parte en la sociedad, con el objetivo de cambiar el pensamiento colectivo de hombres y mujeres.

Este movimiento fue uno que tardaría casi un siglo y medio en cuajar en el tejido social de las sociedades occidentales y para 1970 ya estaba en completo y absoluto rigor.

Hoy en día, tanto el nivel como el ritmo de vida de una mujer es exactamente el mismo que el de un hombre, al grado que en muchos casos los roles han cambiado.

Existen familias donde el hombre se dedica al cuidado de los niños y al bienestar del hogar, mientras que la mujer sale a trabajar y ha hacer fortuna.

Sin embargo, al tomar este nuevo ritmo de vida, la situación es mucho más compleja para la mujer que para el hombre, ya que ésta sigue necesitando de muchos cuidados y esfuerzos estéticos.

Para los hombres, vestirse y arreglarse es un proceso metódico, fácil y veloz, mientras que, por lo general, las mujeres tardan una infinidad en cada paso de aquel proceso.

El día de hoy es imprescindible saber economizar no solo nuestro dinero, pero también nuestro tiempo, ya que es un hecho que el tiempo es oro.

Si uno vive en una ciudad grande, uno sabe que cada segundo cuenta en el resultado del desarrollo de nuestro día.

Los horarios en las grandes metrópolis no son amigables y están diseñados para incrementar la producción económica sin escala alguna.

Para un hombre no es ningún problema levantarse por la mañana y proceder rápidamente con su ritual matutino, a modo de estar en la oficina puntual y sin demora alguna.

Para las mujeres es un caso naturalmente distinto, aunque éstas sean multifacéticas y puedan hacer cien cosas a la misma vez, cosa que para la mayoría de los hombres es imposible.

La industria conoce bien la naturaleza femenina y sabe que ellas nunca descuidarán su apariencia, ya que sus jueces más rigurosos son ellas mismas.

Es por esto que existen técnicas como la micropigmentación de cejas o labios, algo que les ahorra una enorme cantidad de tiempo a las mujeres y las hace lucir siempre como si hubiesen pasado horas en el espejo, algo ideal para la nueva mujer.

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Delfines en Acapulco

Tengo una buena amiga que ha vivido en Acapulco por mucho tiempo y me invitó a ir a aquel puerto en algunos días en los próximos tres meses, a modo de ver los delfines que por ahí pasan en esta época del año.

Ella me extiende esta invitación, ya que sabe muy bien que soy y siempre he sido una persona con un tremendo interés por el mar y todas sus creaturas, particularmente  por las ballenas, delfines y tiburones.

Muchas veces, a todas las personas quienes vamos a Acapulco con frecuencia, se nos olvida la inmensa variedad de la vida marina que vive bajo los mares de aquel puerto, que incluye ballenas, delfines y tiburones.

Eso es debido a que el significado que los turistas le damos a Acapulco es uno mayoritariamente basado en tierra y uno que tiene que ver muy poco con el mar, que aunque lo visitemos en barcos y lanchas, no lo vemos como un ecosistema lleno de vida, donde los humanos no tenemos ningún rol que jugar, al menos eso se supone, ya que muchas veces lo dañamos con nuestras actividades recreativas.

Para llegar ahí, debido a la situación que se vive, he entendido que viajar por avión; tomar la carretera para llegar al bello puerto ya no es una opción viable, ya que los maestros, así como otros miembros del crimen organizado, desgraciadamente han tomado el control de los caminos que ahí nos llevan, por lo que decidí buscar en internet “VivaAerobus vuelos” y encontré precios muy accesibles, llegándome a salir hasta más barato tomar un avión que ir por carretera.

A decir verdad, esto no me molesta de ninguna manera, ya que a mí siempre me ha gustado mucho viajar en avión, ya que de alguna u otra manera duermo profundamente casi  durante todos los vuelos, lo que hace que mi único inconveniente sea el hecho de que el vuelo México- Acapulco es uno sumamente corto.

Esta vez, al llegar a Acapulco, tengo planeado ir a los lugares por donde los defines estén siguiendo su transcurso y bucear por toda esa circunferencia, ya que la presencia de los delfines significa siempre que a su alrededor hay cosas muy interesantes. Ellos siempre estarán donde abunde la comida, lo que significa un gran número de coloridos peces avanzando como una pesada cortina, que puede llegar a blindar su zona de los rayos del sol, debido a su grosor.

Debo decir que nunca he podido bucear con delfines, aunque sí lo he hecho con tiburones en aquel puerto; el problema es que el tiburón de Acapulco es uno bastante agresivo y que puede atacar a un ser humano fácilmente, si uno no tiene cuidado.

Es común escuchar que en la bahía de Acapulco no hay tiburón; sin embargo, eso no es cierto, ya que la bahía de Acapulco es una muy profunda donde se pueden encontrar hasta ballenas navegando por sus profundidades.

Sin embargo, no es lo más común, por eso le recomiendo que si quiere ver tiburón en Acapulco, vaya a Pie de la Cuesta, donde seguro encontrará en la obscuridad  de sus profundidades.

¡Veamos cómo me va!

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Elegancia y estilo, ¿de dónde vendrán?

Esta mañana, mientras corría los canceles de la ducha y pensaba qué vestir el día de hoy, me asaltó la pregunta que titula mi post (y por suerte fue sólo eso, la pregunta, pues bien sabido es que ahora lo atracan a uno en los momentos más insospechados).

La mayoría de las personas relacionan la elegancia con el costo de las prendas, lo cual excluiría a un buen porcentaje de la población del privilegio de ostentar dicho atributo. Sin embargo, como les decía en otra de mis notas, en mi familia nos preciábamos de vestir siempre a la altura de la ocasión y con los atuendos que mejor nos sentaban.

De hecho, no había fiesta en la que mi mamá no motivara un piropo y despertara una que otra envidia. Y puedo asegurarles que con tres hijos y un pequeño restaurante familiar que a veces daba más gastos y dolores de cabeza que ganancias, no había ocasión de invertir cantidades ominosas en prendas para dejar boquiabiertos a los amigos y vecinos. Por tanto, la elegancia que mi madre tenía y que supo transmitir con mayor o menor éxito a todos los miembros de la familia, no era un detalle que pudiera pagarse con tarjeta de crédito.

Luego recordé una cita que se atribuye al prestigiado diseñador Yves Saint Laurent, “¿Acaso la elegancia no es olvidar lo que uno lleva puesto?”. Cuando escuché la frase por primera vez, pensé que de ser así, yo he sido de lo más elegante todas esas veces que he salido a la tienda de la esquina, olvidando que ya me había quitado los zapatos y estaba en pantuflas.

Pero ahora que reflexiono un poco más, creo que el icono de la moda quería decir que la elegancia está en la actitud, la personalidad y la manera de actuar en las distintas situaciones. Una persona elegante no necesita ponerse moños de mil colores, ni accesorios ostentosos, que hasta sirvan de luminarias en caso de que falle la electricidad; son el porte y la distinción los que le hacen destacar entre las multitudes y hacen que lo que lleve puesto se vea como la prenda más interesante y exclusiva del mundo.

Ahora bien, si la elegancia no es exactamente un sinónimo de alto poder adquisitivo, sí se relaciona más con la búsqueda de la calidad. Para vestir con elegancia es necesario invertir tiempo y recursos en la creación de un guardarropa que acaso no será el más caro de la ciudad, pero sí estará compuesto por prendas bien confeccionadas, con los mejores materiales que sea posible adquirir y, como decía mi mamá, que resalten los mejores aspectos de nuestra figura.

En relación con el estilo, recuerdo una muy mencionada referencia de otro gran personaje del mundo de la moda, Coco Chanel; “La moda es pasajera, pero el estilo es eterno”. Si bien nada es para siempre en esta vida, la idea es que, a diferencia de las modas, que surgen y desaparecen tan rápido como un trending topic en las redes sociales, el estilo es algo tan constante, que llega a definir a un momento histórico, a un género artístico o a una individualidad.

Puede haber estilos elegantes y otros más despreocupados e informales, pero de acuerdo con la citada diseñadora, lo que no podría haber es un cambio total del estilo, una vez que se encuentra el propio. En todo caso, lo que se da es una evolución, en la que los elementos más favorables de la moda se adaptan al estilo personal. Dicho en otros términos, “de la moda, lo que te acomoda”.

Perdida en estas reflexiones, no advertí lo tarde que era. Cuando me di cuenta de que ya debía salir corriendo, me puse lo mejor que pude hallar para conservar mi estilo casual, tirándole a informal, y traté de no olvidar demasiado lo que llevaba puesto, al punto de salir otra vez en pantuflas.

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El tendedero (parte II)

“Un tendedero me salvó la vida”, no sabía si titular así esta publicación. Pero ya que estoy hablando de tendederos preferí que fuera continuación del primero.

Transcurría el verano de 1989. Yo me encontraba en casa después de un día normal de estudios. La primaria no quedaba muy lejos de mi casa así que podía ir y venir yo misma sin temor alguno. Además, el tiempo podía ser consumido de la mejor manera. Podía comer temprano, cambiarme, hacer la tarea y salir a jugar sin presión alguna.

Hay un acontecimiento que no pude borrar de mi memoria: el día que un tendedero me salvó la vida. El tendedero estaba fijado de un extremo en el árbol de colorines; el otro extremo en una varilla del techo de mi casa. El árbol de colorines era bastante robusto y había crecido de tal forma que se antojaba subir a él para jugar y divertirme.

Subía y bajaba, subía y bajaba. Pero una de esas mi pie de apoyo se quedó atorado en una rama del árbol. Fue cuando no supe qué hacer. Comencé a desesperarme al ver que mis mejores esfuerzo por soltarme no daban resultado. Entonces perdí la fuerza en las manos y me fui de cabeza hacia el piso.

Fue aquí donde ocurrió algo asombroso. El otro pie se quedó atrapado en el tendedero. Fue lo que evitó mi caída y probablemente mi muerte. Después, ya con las manos libres pude dar un giro apoyándome en las piedras que rodeaban el tronco del árbol y lo que pudo haber terminado en ruina terminó bien.

Nunca se lo conté a mi madre, pero después de este suceso me hice la promesa de siempre poner tendederos en mi casa. Después de todo uno nunca sabe cuándo le puedan salvar la vida de nuevo.

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Un tendedero en la calle

¿Quién no está acostumbrado a poner su tendedero en la calle? Aquí en México es de lo más común. En los vecindarios y en las colonias populares todo mundo pone sus tendederos donde primero se le ocurra. El lazo que se fija de un extremo de una pared a otra puede ser un mecate de fibras naturales o bien de plástico.

La costumbre no tengo ni idea de dónde surgió, lo cierto es que cualquier parte de tu casa –incluyendo un balcón en tu fachada– puede ser usada para tender tu ropa.

¿Para qué tendemos la ropa? Después de lavada la ropa necesita colgarse y así secar. Es más, ver las toallas con las que te secas el cuerpo después de bañarte en algún barandal es algo normal.

¿Qué tipo de prendas se cuelgan en los mecates que adornan las fachadas? Lo que te venga en gana y hasta donde tu libertad de conciencia lo permita. Algunos demasiado quitados de la pena cuelgan desde pantalones hasta prendas íntimas. No es raro ver unos cuantos chones prendidos con pinzas en un mecate.

Desafortunadamente, esta práctica tan peculiar e inofensiva se ve amenazada por los hampones de ropa. No es extraño –y ocurre a menudo– llevarse la mala experiencia de haber tendido 15 prendas y regresar solo por 12. Para evitar esto algunos inquilinos construyen jaulas en la azotea de su casa las cuales resguardan con cadenas y candados.

Los hampones no son el único problema. ¿Qué hay de los ventarrones que ponen a prueba los nudos en cada extremo del mecate y la calidad de tus pinzas de ropa? Si amarraste bien el lazo no sufrirás pérdida, pero si la mexicanada te domina pagarás con tus prendas más queridas.

¿Por qué vengo hablando de esto? Bueno, resulta que a esta costumbre le debo en buena medida mi estilo. Cuando veía las prendas de mi vecina tendidas en su azotea comenzaba a imaginar cómo se me verían puestas. Luego que lograba fijar esa imagen en mi mente, volteaba a ver el tendedero de la otra casa y encontraba la prenda que le complementaba a la primera. Y, ¡listo! ya podía tener una idea de cómo me vería yo con algo así.

No necesitaba de los aparadores de las tiendas ni de vestidores, bastaba subir a la azotea, grabar en mi mente un conjunto de prendas y ya con eso en la cabeza podía ir recorriendo la ciudad a buscar las prendas en cuestión.

Si tienes la oportunidad, intenta hacer lo mismo.

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¡Hola mundo!

Sobre este blog hay mucho que decir. Este es un blog de Modas y Diseño y sobre esto hay tantas cosas de qué hablar. La moda rige al mundo, al menos en los asuntos que tienen que ver con que ponernos y cuales prendas meter al closet.

En este blog hablaremos de todo ello, pero antes que otra cosa quiero contarles como surgió esta bitácora. Resulta que de niña siempre me inculcaron el buen vestir. La frase “eso no te va bien” resonaba en casa porque mi madre era algo obsesiva con el estilo. No tanto con la moda, pues las modas van y vienen, pero sí con el buen vestir. Ella me enseñó que para vestir bien y estar presentables –de acuerdo a la ocasión– no era necesario invertir grandes sumas de dinero.

Con ese concepto crecí. No soy fan de gastarme mi dinero en cosas demasiado exéntricas, pero sí de tiempo en tiempo voy  armando y renovando mi guardarropa. Las cosas que poco a poco he aprendido son los que origina este blog. Espero disfrutes la experiencia tanto como yo.