Un tendedero en la calle

¿Quién no está acostumbrado a poner su tendedero en la calle? Aquí en México es de lo más común. En los vecindarios y en las colonias populares todo mundo pone sus tendederos donde primero se le ocurra. El lazo que se fija de un extremo de una pared a otra puede ser un mecate de fibras naturales o bien de plástico.

La costumbre no tengo ni idea de dónde surgió, lo cierto es que cualquier parte de tu casa –incluyendo un balcón en tu fachada– puede ser usada para tender tu ropa.

¿Para qué tendemos la ropa? Después de lavada la ropa necesita colgarse y así secar. Es más, ver las toallas con las que te secas el cuerpo después de bañarte en algún barandal es algo normal.

¿Qué tipo de prendas se cuelgan en los mecates que adornan las fachadas? Lo que te venga en gana y hasta donde tu libertad de conciencia lo permita. Algunos demasiado quitados de la pena cuelgan desde pantalones hasta prendas íntimas. No es raro ver unos cuantos chones prendidos con pinzas en un mecate.

Desafortunadamente, esta práctica tan peculiar e inofensiva se ve amenazada por los hampones de ropa. No es extraño –y ocurre a menudo– llevarse la mala experiencia de haber tendido 15 prendas y regresar solo por 12. Para evitar esto algunos inquilinos construyen jaulas en la azotea de su casa las cuales resguardan con cadenas y candados.

Los hampones no son el único problema. ¿Qué hay de los ventarrones que ponen a prueba los nudos en cada extremo del mecate y la calidad de tus pinzas de ropa? Si amarraste bien el lazo no sufrirás pérdida, pero si la mexicanada te domina pagarás con tus prendas más queridas.

¿Por qué vengo hablando de esto? Bueno, resulta que a esta costumbre le debo en buena medida mi estilo. Cuando veía las prendas de mi vecina tendidas en su azotea comenzaba a imaginar cómo se me verían puestas. Luego que lograba fijar esa imagen en mi mente, volteaba a ver el tendedero de la otra casa y encontraba la prenda que le complementaba a la primera. Y, ¡listo! ya podía tener una idea de cómo me vería yo con algo así.

No necesitaba de los aparadores de las tiendas ni de vestidores, bastaba subir a la azotea, grabar en mi mente un conjunto de prendas y ya con eso en la cabeza podía ir recorriendo la ciudad a buscar las prendas en cuestión.

Si tienes la oportunidad, intenta hacer lo mismo.

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