Destinos para vivir la Semana Santa

Apenas comienza marzo y en la casa, la escuela o la oficina ya se deja escuchar la misma pregunta; “¿cuándo es la Semana Santa?”. Y es que después del trabajo intenso de los primeros meses del año, así como de los numerosos corajes, tristezas y sobresaltos que ya habremos tenido para entonces, el pensamiento más entusiasta que podemos tener es el de empacar las maletas y salir corriendo al destino vacacional más accesible, o el de dormir hasta bien entrada la mañana y aprovechar para ponernos al corriente con series, películas, lecturas y demás aficiones.

Pero sin ánimo de ser aguafiestas o de parecer “abuelita rezandera”, el hecho es que nuestro anhelado descanso para el primer cuarto del año tiene sus orígenes en creencias que, ante todo, invitan a la reflexión y el recogimiento.

Si nos remontamos mucho en el tiempo, las ideas que dieron lugar a la celebración de la Pascua, la Semana Santa y posteriormente a nuestras amadas vacaciones, no se asientan sólo en el pensamiento cristiano, sino en las creencias de civilizaciones más antiguas, para quienes el principio fundamental y rector de la existencia era la naturaleza.

No es raro que las mencionadas celebraciones coincidan con la primavera, pues como bien podemos apreciar (o podíamos, antes de que el calentamiento global estuviera en todo su apogeo), en esa estación la naturaleza comienza a despertar del letargo del invierno y nuestros antepasados, de distintas civilizaciones y regiones del mundo, creían que era posible darle una “ayudadita”, mediante rituales y prácticas “mágicas”. Algunos de esos rituales eran tan cruentos como los que se narran en los pasajes bíblicos de la Pasión cristiana y no se excluye la posibilidad de que los autores de los evangelios se hayan inspirado en ellos para dar intensidad a su relato.

En fin, el punto es que ya fuera Semana Santa, Pascua o resurrección de la naturaleza, estas fechas representaban algo serio para las culturas que nos precedieron y una buena forma de honrar ese recuerdo sería el dedicar este tiempo de asueto a conocer un poco más de cerca esas tradiciones. Y qué mejor que comenzar con las de nuestra tierra.

En México existen muchas regiones donde las creencias implantadas por los misioneros cristianos se fusionaron con las de los pueblos originarios, dando lugar a un sincretismo por demás interesante. La Semana Santa es una de las celebraciones que ha dado lugar a las tradiciones más impresionantes y enriquecedoras para nuestra cultura.

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Semana Santa rarámuri

Los rarámuris o tarahumaras son el pueblo que habita en las escarpadas y asombrosas Barrancas del Cobre, en el norte de México. En temporada de Semana Santa, llevan a cabo ceremonias en las que vinculan sus antiguas creencias del culto a la naturaleza con la Pasión Cristiana. Destaca la quema del Judas mestizo, en la Misión de Tewerichic.

Procesión del Silencio

La Procesión del Silencio es una tradición reconocida en todo el mundo, debido a su imponente solemnidad. Se lleva a cabo en la ciudad de San Luis Potosí, el Viernes Santo, y en ella participan 28 cofradías.

La Pasión de Iztapalapa

Otra de las tradiciones de Semana Santa más famosas en nuestro país e incluso a nivel internacional es la representación de la pasión y muerte de Cristo en la delegación de Iztapalapa, Ciudad de México. Cada año congrega a miles de visitantes y participan numerosos miembros de la comunidad.

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