Elegancia y estilo, ¿de dónde vendrán?

Esta mañana, mientras corría los canceles de la ducha y pensaba qué vestir el día de hoy, me asaltó la pregunta que titula mi post (y por suerte fue sólo eso, la pregunta, pues bien sabido es que ahora lo atracan a uno en los momentos más insospechados).

La mayoría de las personas relacionan la elegancia con el costo de las prendas, lo cual excluiría a un buen porcentaje de la población del privilegio de ostentar dicho atributo. Sin embargo, como les decía en otra de mis notas, en mi familia nos preciábamos de vestir siempre a la altura de la ocasión y con los atuendos que mejor nos sentaban.

De hecho, no había fiesta en la que mi mamá no motivara un piropo y despertara una que otra envidia. Y puedo asegurarles que con tres hijos y un pequeño restaurante familiar que a veces daba más gastos y dolores de cabeza que ganancias, no había ocasión de invertir cantidades ominosas en prendas para dejar boquiabiertos a los amigos y vecinos. Por tanto, la elegancia que mi madre tenía y que supo transmitir con mayor o menor éxito a todos los miembros de la familia, no era un detalle que pudiera pagarse con tarjeta de crédito.

Luego recordé una cita que se atribuye al prestigiado diseñador Yves Saint Laurent, “¿Acaso la elegancia no es olvidar lo que uno lleva puesto?”. Cuando escuché la frase por primera vez, pensé que de ser así, yo he sido de lo más elegante todas esas veces que he salido a la tienda de la esquina, olvidando que ya me había quitado los zapatos y estaba en pantuflas.

Pero ahora que reflexiono un poco más, creo que el icono de la moda quería decir que la elegancia está en la actitud, la personalidad y la manera de actuar en las distintas situaciones. Una persona elegante no necesita ponerse moños de mil colores, ni accesorios ostentosos, que hasta sirvan de luminarias en caso de que falle la electricidad; son el porte y la distinción los que le hacen destacar entre las multitudes y hacen que lo que lleve puesto se vea como la prenda más interesante y exclusiva del mundo.

Ahora bien, si la elegancia no es exactamente un sinónimo de alto poder adquisitivo, sí se relaciona más con la búsqueda de la calidad. Para vestir con elegancia es necesario invertir tiempo y recursos en la creación de un guardarropa que acaso no será el más caro de la ciudad, pero sí estará compuesto por prendas bien confeccionadas, con los mejores materiales que sea posible adquirir y, como decía mi mamá, que resalten los mejores aspectos de nuestra figura.

En relación con el estilo, recuerdo una muy mencionada referencia de otro gran personaje del mundo de la moda, Coco Chanel; “La moda es pasajera, pero el estilo es eterno”. Si bien nada es para siempre en esta vida, la idea es que, a diferencia de las modas, que surgen y desaparecen tan rápido como un trending topic en las redes sociales, el estilo es algo tan constante, que llega a definir a un momento histórico, a un género artístico o a una individualidad.

Puede haber estilos elegantes y otros más despreocupados e informales, pero de acuerdo con la citada diseñadora, lo que no podría haber es un cambio total del estilo, una vez que se encuentra el propio. En todo caso, lo que se da es una evolución, en la que los elementos más favorables de la moda se adaptan al estilo personal. Dicho en otros términos, “de la moda, lo que te acomoda”.

Perdida en estas reflexiones, no advertí lo tarde que era. Cuando me di cuenta de que ya debía salir corriendo, me puse lo mejor que pude hallar para conservar mi estilo casual, tirándole a informal, y traté de no olvidar demasiado lo que llevaba puesto, al punto de salir otra vez en pantuflas.

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