La nueva mujer

La mujer del siglo XXI ha evolucionado a revoluciones muy aceleradas y su ritmo de vida es completamente distinto al que alguna vez tuvo.

Durante los primeros 18 siglos después de la venida de Cristo, las mujeres ocupaban un lugar muy definido en la sociedad humana.

La labor del sexo femenino era una muy pesada y compleja, ya que de cierta manera, en sus manos estaba el bienestar de todo su núcleo familiar.

La mujer, durante estos 18 siglos, era la encargada de mantener la casa en perfecto orden y limpieza, cuidar a los hijos en su temprana y mediana edad, así como preparar desayuno, comida y cena todos los días.

La mujer era la encargada de hacer de una casa un hogar, así como forjar el deseo en todos los integrantes de su familia para querer regresar a casa lo más pronto posible de donde estuviera.

A principios y mediados del siglo XIX, la mujer comenzó a soñar sueños distintos y a cambiar completamente sus aspiraciones.

Durante este siglo, sobre todo en Inglaterra, grupos feministas comenzaron a tomar parte en la sociedad, con el objetivo de cambiar el pensamiento colectivo de hombres y mujeres.

Este movimiento fue uno que tardaría casi un siglo y medio en cuajar en el tejido social de las sociedades occidentales y para 1970 ya estaba en completo y absoluto rigor.

Hoy en día, tanto el nivel como el ritmo de vida de una mujer es exactamente el mismo que el de un hombre, al grado que en muchos casos los roles han cambiado.

Existen familias donde el hombre se dedica al cuidado de los niños y al bienestar del hogar, mientras que la mujer sale a trabajar y ha hacer fortuna.

Sin embargo, al tomar este nuevo ritmo de vida, la situación es mucho más compleja para la mujer que para el hombre, ya que ésta sigue necesitando de muchos cuidados y esfuerzos estéticos.

Para los hombres, vestirse y arreglarse es un proceso metódico, fácil y veloz, mientras que, por lo general, las mujeres tardan una infinidad en cada paso de aquel proceso.

El día de hoy es imprescindible saber economizar no solo nuestro dinero, pero también nuestro tiempo, ya que es un hecho que el tiempo es oro.

Si uno vive en una ciudad grande, uno sabe que cada segundo cuenta en el resultado del desarrollo de nuestro día.

Los horarios en las grandes metrópolis no son amigables y están diseñados para incrementar la producción económica sin escala alguna.

Para un hombre no es ningún problema levantarse por la mañana y proceder rápidamente con su ritual matutino, a modo de estar en la oficina puntual y sin demora alguna.

Para las mujeres es un caso naturalmente distinto, aunque éstas sean multifacéticas y puedan hacer cien cosas a la misma vez, cosa que para la mayoría de los hombres es imposible.

La industria conoce bien la naturaleza femenina y sabe que ellas nunca descuidarán su apariencia, ya que sus jueces más rigurosos son ellas mismas.

Es por esto que existen técnicas como la micropigmentación de cejas o labios, algo que les ahorra una enorme cantidad de tiempo a las mujeres y las hace lucir siempre como si hubiesen pasado horas en el espejo, algo ideal para la nueva mujer.

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